Favores y Misericordia
Venerable, Muy Antigua e Ilustre Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de la Paz y Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo de los Favores y María Santísima de la Misericordia

- Sede
- Parroquial de San Cecilio. (Dos pasos)
- Día
- Viernes Santo
Denominación oficial: Venerable, Muy Antigua e Ilustre Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de la Paz y Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo de los Favores y María Santísima de la Misericordia
Sede: Parroquial de San Cecilio. (Dos pasos)
A pesar de no contar con una hermandad organizada, la atención y devoción al Cristo de los Favores del monumento del Campo del Príncipe permaneció entre los vecinos del Realejo, aunque en 1836 hubo un intento de demolerlo. Por otra parte, parece que la imagen vicaria, que permanecía en la iglesia de San Cecilio, no recibía el culto debido en su capilla e, incluso, se desalojó de ella, al haber llegado a la iglesia con motivo de la Exclaustración algunas imágenes del cercano Convento de Belén, de mercedarios descalzos, como la de Ntra. Sra. de Belén y del Cristo de la Columna, que hubieron de ser alojadas en las capillas del templo.
Habrían de pasar varias décadas, y sobre el año 1881 se apreció un incremento de personas que acudían tarde y noche a postrase de rodillas ante la efigie del monumento, para implorar su Favores, haciendo ofrendas de cera y lámparas de aceite. Entonces, el cuidado del monumento del Cristo estaba a cargo de una piadosa mujer, que aseaba el lugar; éste se había convertido en aquellos primeros años ochenta en centro de una verdadera peregrinación, especialmente, en todos los viernes del año.
No podía quedar desapercibido este fenómeno de fervor al párroco de San Cecilio, don Manuel Maldonado, y a la autoridad eclesiástica, a lo que sirvió de resorte una carta dirigida al Arzobispo, don Bienvenido Monzón, firmada por 350 vecinos y devotos, entre los que se encontraban personas distinguidas de la ciudad, como el erudito don Manuel Gómez Moreno y don Antonio Afán de Ribera, que había sido alcalde de Granada. En ella, se hacía exposición de la creciente devoción a la imagen del Campo del Príncipe, no solo en Granada, sino, también, en los pueblos cercanos, solicitándole al Prelado que aprobara oficialmente dichas manifestaciones y la concesión de indulgencias para fijarlas en la verja. Asimismo, solicitaban que se imprimiera un Quinario a la Cinco Llagas y un día de jubileo en la iglesia de San Cecilio con función solemne y que nombrara una junta o comisión con un presidente y cinco vocales, para atender al culto y solicitar limosnas para el mismo. Era ésta una forma indirecta de solicitar la rehabilitación de la hermandad del Cristo, decaída desde hacía tantos años.
En esta ocasión la petición contó con el apoyo del párroco, don Manuel Maldonado, que aprovechó una visita pastoral del Arzobispo para informarle del asunto, y del gobernador eclesiástico de la diócesis, don Antonio Arce y Peñuelas, que aprueba, de hecho, el culto y manda poner, en noviembre de 1883, un cepo en la verja para recoger limosnas con las que mantenerlo.
No tardó mucho en contestar el prelado granadino, pues el 19 de febrero de 1884 aprueba ese culto público al Cristo de los Favores, recomendando rezar cinco padrenuestros en memoria de las Cinco Llagas del Redentor, que padeció en su Crucifixión; rezar a la Virgen tres avemarías, por las tres horas que estuvo al pie de la cruz, y concedió 80 días de indulgencia a los fieles que arrodillados ante la imagen y con los brazos abiertos las rezaran. También concedió otros 80 días de indulgencia por cada padrenuestro y avemaría rezados de ese modo.
Atendiendo a la formalización y dirección del culto nombró una comisión o junta, presidida por el párroco de San Cecilio y con los señores: Nicolás Palomares, Joaquín López Moreno, Antonio Afán de Ribera, Manuel Gómez Moreno y Joaquín María de los Reyes, además del Secretario de Cámara del Arzobispo, como delegado del mismo.
Verdaderamente, se constituía una hermandad formada por próceres y con un fuerte control eclesiástico, a la que se le pedía una rendición anual de cuentas y se le exigió el cuidado del monumento, restaurando la Cruz y pedestal, y que se labrara una lápida de piedra con las indulgencias concedidas.
Además, restituyó la fiesta religiosa de la Invención de la Cruz del día 3 de mayo, como la tenía la antigua hermandad del Cristo, para celebrarla en la iglesia de San Cecilio y una procesión ese día por la tarde, que iría por los alrededores del Campo del Príncipe, y que haría estación ante el monumento del Cristo, invitando a los vecinos a poner colgaduras e iluminaciones en las fachadas de sus viviendas. Asimismo, se realizaría en la parroquial una víspera por un sacerdote y realizaría con los fieles el Ejercicio de las Cinco Llagas, rezándose cinco padrenuestros y tres avemarías.
La comisión o junta se reunió por vez primera en el despacho del Secretario de Cámara del Arzobispo el 1 de marzo de 1884, presidida por don Antonio Arce y Peñuelas, gobernador eclesiástico, y actuando como secretario don Joaquín López Moreno y como tesorero, don Nicolás Palomares, con asistencia de los demás vocales, acordándose celebrar las sesiones todos los primeros sábados de mes. También, se solicitó al párroco de San Cecilio, Sr. Maldonado, un presupuesto de gastos para la próxima fiesta del día 3 de mayo y del adorno del monumento. Por el cepo se habían recogido 2.058, 72 reales y una devota había solicitado poner faroles, restaurando a su costa don Nicolás Palomares las manos del Cristo, que estaban deterioradas.
En las sucesivas sesiones se aprobó realizar fotos a la imagen; hacer la lápida, que había ordenado el Arzobispo, y realizar un estandarte con la efigie pintada de la imagen, además de arreglar la reja y dos pilastras rotas, que supusieron un coste de 1.000 reales, contratándose a María Francisca de la Plata para que limpieza el monumento y cuidado de sus luces. A esta señora se le habilitó y reparó una habitación para que en ella guardara la cera y faroles, que servirían a los cultos.
El fervor popular al Cristo, mantenido durante las décadas transcurridas del siglo XIX, había hecho surgir una actividad espiritual y material en torno a su imagen en el monumento, cuyo abandono se había puesto de manifiesto con diversos deterioros en el mismo, que se necesitaban restaurar. La tarea se encomendó a un profesional llamado Ribas o Ribot, cuyo trabajo no resultó demasiado satisfactorio.
En la reunión de 5 de abril de 1884 se comisionó al párroco para que adquiriera una imagen de Dolorosa para las procesiones del día de la Santa Cruz, que iría en procesión hasta el monumento del Cristo de los Favores del Campo del Príncipe. También se acordó buscar personas para que llevaran en la procesión a la Dolorosa y al Cristo de la iglesia de San Cecilio, antigua imagen vicaria de la ancestral hermandad. Las dos imágenes se prepararían en un altar para su traslado procesional, contratándose para la comitiva dos músicas, una de capilla y otra de banda militar, eligiéndose las coplas que se cantarían al rezar la Corona Dolorosa durante el trayecto, y en el Ejercicio de las Cinco Llagas al llegar al monumento. Dicho ejercicio se propuso realizarlo cada viernes por la noche, bajando la parroquia al monumento para rezarlo públicamente.
La procesión se realizó aquel 3 de mayo de 1884, habiéndose adornado el monumento del Cristo con profusión de ramos de flores, de tallos de vegetales y de doce macetas que regalaron los devotos, gastándose en la celebración 1.998 reales y, es de suponer, con la asistencia de una multitud de personas. En esos años, el Ayuntamiento alumbraba la zona con luces de gas para los actos del día 3 de mayo y su víspera.
En la Navidad de ese año 1884 se produjo el terremoto que asoló el sur de la provincia y parte de la de Málaga, determinando el Arzobispo que se realizara en la iglesia de San Cecilio una función con sermón y orquesta en acción de gracias al Cristo de los Favores, por haber librado a la ciudad del mismo, colocándose a la Virgen de la Salud, de gran tradición de rogativas en los episodios de epidemias y otras catástrofes.
También, se instituye en 1886 una misa cantada con capilla de música a celebrar todos los viernes del año ante la imagen del Cristo de los Favores de dicha iglesia y en su capilla. Ese año se consigue del Ayuntamiento que se enlosara la zona de alrededor de la verja del monumento, a fin de que los fieles que quisieran andar de rodillas delante de la imagen no padecieran en esa devota acción.
La euforia con la que se reanudaron las funciones y fiestas en esos años, quedó un tanto apagada unos años después por la disminución de las limosnas y fallecimiento de miembros de la junta, como Nicolás Palomares, Joaquín López Moreno y del arcipreste Arce Peñuelas, al que sustituye don Antonio Carulla. Así, en 1889 y siguientes años, se suprime la procesión con las imágenes de la tarde del día de la Santa Cruz y el proyecto importante de construir un templete neogótico, que sirviera de baldaquino al monumento del Cristo, no se llegó a realizar. Dicho templete fue proyectado en 1884 por el grabador granadino Francisco Casado y Esteve, que ya había realizado el templete que se montó en la Plaza de la Trinidad cuando visitó Granada la Reina Isabel II.
Relegada la actividad por falta de medios a la función del día 3 de mayo, en 1895 se estudia la posibilidad de formalizar la hermandad con hermanos de cuota, a fin de que se pudiera costear el culto, la procesión y otras actividades. De hecho, se acordó formalizarla en 1896, pero en la reunión de ese año se volvió a aplazar, por no haber unanimidad de los componentes de la junta, formada en gran parte por eclesiásticos, que aplazaron de nuevo el acuerdo para 1897, pero partir de ese año no se vuelve a plantear el asunto.
No obstante, la comisión o junta seguía recibiendo algunos donativos importantes como los 669 reales, casi la cantidad que se recogía en el total de limosnas, y otra devota, presentada por el Sr. Gómez Moreno, se ofreció en 1905 para financiar la restauración de uno de los brazos del Cristo que presentaba deterioros. La restauración se realizó en 1907, costeada por la familia de don Luis Moreno.
Todas las creaciones establecidas por el hombre tienen épocas de esplendor y de declive, también ocurre con las devociones, y la del Cristo de los Favores, como hemos visto en esta historia, tuvo años de brillantez, como estos ochenta del XIX, para decaer en los noventa. A partir de 1907, vuelve a avivarse el fervor al Cristo, que, no obstante, a nivel popular seguía siendo relevante. Y será en la segunda década del pasado siglo, cuando llegue a su culmen, al menos en lo referente a las limosnas de los fieles y los cultos que se hicieron con patente brillantez, aunque no se recuperó la procesión.
Quizá, un relevo con nueva «savia» en la junta o comisión hubiera sacado del ostracismo a la dirección, que aunque se renovó por fallecimiento de sus miembros, los que los sustituyeron pertenecían a los mismos estamentos. Un fervor popular, quizá hubiera requerido una dirección, asimismo, popular, como ocurriría al final de aquella década de los años veinte del pasado siglo en que se fundaría la hermandad de penitencia.
No obstante, la comisión se mantuvo, al menos, hasta 1921, siendo de destacar las celebraciones que se hicieron en 1913 con motivo del Jubileo por los 1.600 años de la «Paz del Emperador Constantino», por la que el mundo romano se convirtió al cristianismo. La junta organizó un Quinario-Misión del 28 de abril al 3 de mayo de ese año, con sermones, rosario, letanía y Ejercicio de la Cinco Llagas, cantándose el Miserere del Maestro Palacios y como final de los cultos, el día 3 de mayo a las siete de la mañana, al Arzobispo, Mons. Meseguer y Costa, celebró una solemne misa de campaña a los pies del Cristo de los Favores del Campo del Príncipe. Por la tarde de ese día volvió a salir en procesión con la imagen del Cristo de la iglesia de San Cecilio, acompañado por la Capilla de Música de la Catedral, para realizar el Ejercicio de la Cinco Llagas.
También, en 1915 se establece un Triduo y Misión a celebrar en San Cecilio ante la imagen vicaria primitiva, que en esos años parece que ocupaba la capilla donde se venera el Crucificado que hoy es titular de la hermandad de penitencia; para cuya capilla, en 1918, se creó por la comisión un fondo para repararla.
Esta Asociación del Cristo de los Favores, como a veces en los documentos se la llama, deja de celebrar sesiones después de 1921. El Cristo de los Favores del Campo del Príncipe volverá a tomar gran relevancia devocional a partir de 1924, cuando el nuevo párroco de San Cecilio, don Ulpiano Montoro, decide cambiar los cultos del día 3 de mayo y el Ejercicio de las Cinco Llagas a los pies del Cristo de los Favores del monumento, para trasladarlo a las 3 de la tarde del Viernes Santo, hora en la que expiró en la cruz Jesucristo.
Esta ceremonia del Viernes Santo se convertirá en multitudinaria y en uno de los actos más significativos y relevantes de la Semana Santa Granadina. Semana Santa popular antigua, puesto que desde el siglo XVI al XIX numerosas hermandades de penitencia surcaban en sus estaciones de Semana Santa las calles de la ciudad. También, es una Semana Santa moderna, en cuanto que a raíz de la celebración, desde 1909, de la procesión del Santo Entierro, llamado «Antológico», comienzan a fundarse hermandades penitenciales actuales, reavivando los rescoldos de la memoria popular, para dotar a Granada de una nueva Semana Santa, cuyas antiguas hermandades se habían perdido en su casi totalidad por los avatares del tiempo y de su historia.
Ese nuevo impulso que el párroco, don Ulpiano Montoro Ramírez, se propuso dar a la devoción al Cristo de los Favores, se complementará con la fundación de una hermandad de penitencia, de la que será titular, unos años después, en 1928. Eran los años veinte una década fructífera en la fundación de estas hermandades y una devoción como la del Crucificado de los Favores no podía quedar ajena a esta oleada de fundaciones, cuando deja de funcionar aquella corporación de devotos y eclesiásticos, que desde 1883 habían organizado los cultos a las imágenes de los Crucificados de la iglesia y del Campo del Príncipe.
Documentalmente oscuro está el periodo fundacional de la hermandad de penitencia, por el extravío de los libros de esta corporación de nazarenos, debiendo de recurrir a otras fuentes indirectas. En la fundación de la hermandad de penitencia planeó un hecho conflictivo, que tuvo su origen en la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias de Santa María de la Alhambra; este hecho parece que influyó en la fundación de la hermandad de penitencia del Stmo. Cristo de los Favores, continuadora de aquella hermandad que le dio culto desde finales del siglo XVII y de la congregación que se fundó en 1884.
En la citada cofradía alhambreña surgieron en el verano y otoño de 1928 determinados conflictos, que llevaron a la dimisión de su hermano mayor, Felipe Campos de los Reyes, dimitiendo con él, el mayordomo, Juan Carnicero Echevarría, así como, el secretario de la hermandad, Pedro Rodríguez Quero, y el vicesecretario, Sr. López Vellido, más algunos otros. Después, estando dimitidos, el día 16 de diciembre de ese año, convocan una junta de la hermandad en la que se nombra nuevamente hermano mayor al Sr. Campos de los Reyes.
La irregularidad de estos hechos hizo intervenir a la autoridad eclesiástica para anular los acuerdos de esa junta, decretando que se había realizado con desconocimiento de dicha autoridad, de la mayor parte de los hermanos y de la junta de gobierno. A resulta de estos acontecimientos los protagonistas de los mismos tuvieron que dejar la Hermandad de Santa María de la Alhambra. Sin embargo, algunos de ellos, aparecen ese mismo año en la fundación de la penitencial del Cristo de los Favores.
Lo más probable, es que dicha fundación se viniera gestando desde 1924 por algunos devotos del Cristo, como Antonio Villalobos Gómez, José Alcaide Gallego, Francisco Antonio Arcas…etc., que fundarán dicha hermandad de penitencia el día 26 de noviembre de 1928, y cuyas reglas fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica el día 13 de diciembre de dicho año, durante el arzobispado del Cardenal Casanova y Marzol.
Curiosamente, en el artículo primero de los estatutos se decía que la finalidad primordial de la Cofradía era dar culto a la imagen del Santísimo Cristo de los Favores, que se venera en la iglesia parroquial de San Cecilio, por lo que se fundaba con dicha imagen como titular y venerada, también, por la antigua hermandad del Cristo, y no la de tan ancestral devoción, como era la del Monumento del Campo del Príncipe. Quizá, en el pensamiento de los fundadores estaba proseguir la devoción ancestral al Cristo de los Favores, para concretarlo en la imagen de la iglesia de San Cecilio, que era procesionable y susceptible de cultos internos. Y, efectivamente, fue la primera imagen con la que realizó sus estaciones de penitencia.
La junta directiva de la cofradía se elegía entre los 100 hermanos fundadores de la misma, existiendo cinco categorías de miembros de la hermandad: fundadores, activos, honorarios, protectores y adoradores. En esos momentos, se nombró como hermano mayor interino al párroco de San José, don Pedro Ruiz de Valdivia, que era, asimismo, el consiliario de la hermandad. El párroco de San Cecilio, don Ulpiano, quizá no viera oportuno participar en la cofradía, por ser hermano mayor honorario de la cofradía de la Alhambra, de la que procedían algunos fundadores de la de los Favores.
Unos días estuvo como hermano mayor interino el párroco de San José, Pedro Ruiz de Valdivia, nombrándose como efectivo al cónsul inglés en Granada, el Sr. Lavadge Davenhill, con residencia frente al Hotel «Alhambra Palace», siendo vecino, por tanto, de la parroquia. Curiosidad de la que no sabemos los motivos, y que, también, ostentó el cargo por solo unos días, dimitiendo, obviamente, a finales de diciembre de 1928. El 30 de dicho mes lo sucede Pedro Rodríguez Quero, el que fue disidente en la Cofradía de Santa María de la Alhambra, y que sólo estuvo en el cargo unos meses. Quizá, por ese motivo, no fuese visto con agrado el nombramiento por el arzobispo, Cardenal Casanova, eligiéndose en su lugar a Miguel González Caro (7).
Este hermano mayor y su junta prepararon la primera salida penitencial de la hermandad, parte de cuyo costo se realizó con una cuestación pública tendente a sufragar el gasto del paso del Cristo, con aportaciones de algunos próceres de la cuidad, como los Sres. Rodríguez-Acosta y el Duque de San Pedro de Galatino, que dio 500 pesetas, cantidad importante para la época.
Unas de las primeras manifestaciones públicas de la hermandad de penitencia fue la realización de una procesión de culto a las Cinco Llagas y un Vía Crucis, que se repetirá cada viernes, y que llegó hasta el monumento del Cristo en el Campo del Príncipe, en recuerdo del culto ancestral que se le daba a esta imagen del siglo XVI por la antigua hermandad del Cristo. También, la hermandad fue admitida en la Federación de Cofradías el día 4 de marzo de 1929, antes de realizar su estación de penitencia, pues entonces no existía el requisito de haber realizado ésta para ser admitida en dicha Federación.
Las primeras estaciones de penitencia
Solo unos meses habían transcurrido desde la aprobación de sus reglas y la cofradía estaba dispuesta a realizar su estación de penitencia, que tuvo lugar el Martes Santo, día 26 de marzo de 1929. Dicha estación la realizó con el Crucificado de los Favores de la iglesia de San Cecilio, del que el erudito, don Manuel Gómez Moreno, ya decía en 1892, en su Guia de Granada, que «era del tipo de los de Rojas».
Para procesionarlo, se diseñó por el afamado pintor Gabriel Morcillo (1887-1973), un paso en el que se imitaba al monumento del Cristo de los Favores del Campo del Príncipe, reproduciendo la cruz en madera con su basamento en forma de concha y la reja de forja que rodea el monumento con sus faroles. El diseño de dicho paso fue realizado por el joven escultor granadino Antonio Martínez Olalla (1907-1984). Era un paso que se planteó sobre unas amplias andas cuadradas, para ser sostenidas por cuatro varales externos, que descansaban sobre horquillas portadas por dieciséis hombres de trono vestidos con hábito y toca a la egipcia. Estas andas o paso se utilizaron previamente por la cofradía antes de su salida penitencial, para realizar el altar de cultos del triduo que se le dedicó a la imagen los días anteriores a la procesión, y en cuya función, celebrada el Domingo de Ramos, se bendijeron el paso y el estandarte de la hermandad, actuando como padrinos, don Pedro Barrajo Carrillo de Albornoz y su esposa, María Paula Montes Collado.
La cofradía de penitencia deseó dar un carácter severo a la procesión, concibiéndola en estos primeros años como una hermandad de silencio. Ello, se había previsto en el Reglamento de la Procesión, unido a las Reglas, y que la estación de penitencia se realizaría a la una de la madrugada del Viernes Santo, cosa que le sería denegada, por la autoridad eclesiástica, seguramente, porque el Cardenal Casanova había prohibido las procesiones a horas tardías, a excepción de la del Cristo del Silencio. La cofradía hubo de rectificar en ese sentido su reglamento, rectificación aprobada el 19 de febrero de 1929. Por tal circunstancia se le señaló a la hermandad como día de salida el Martes Santo, detrás de la Cofradía del Santo Vía Crucis. Con ello, quedaría abortada una incipiente madrugada granadina con más de una hermandad.
Pero el carácter de hermandad de silencio, previsto en sus estatutos, con el que nació la Cofradía de los Favores, lo quiso conservar en esa primera estación de penitencia y las siguientes, realizando su salida a las 23:30 horas. La hermandad hizo su estación de penitencia sin música, solo con el acompañamiento de un tambor destemplado al inicio de la comitiva; también, esa austeridad se reflejaba en los hábitos de color morado y capillo negro de los nazarenos y capa negra en los mayordomos y bastoneros, prohibiéndose que los nombres de los cargos directivos de la hermandad aparecieran en medios de publicación.
La impronta de severidad que presento, desde años antes, la Hermandad del Cristo de la Misericordia (Silencio) contagió a algunas cofradías, como esta de los Favores. Parece que influyó en dotar de esa severidad los directivos que procedían de la Hermandad de las Angustias de la Alhambra, y que salieron de esta cofradía por no agradarles la impronta externa de esplendor y riqueza, que le dio su «diseñador», el artista Luis de Vicente (hábitos y enseres suntuosos, músicas y uniformes de gala en la banda de cornetas y tambores con soldados a caballo, que precedía a la hermandad alhambreña, además de la parafernalia de bengalas y otras luminarias en parte de su recorrido). Si bien, hay que recordar que esta hermandad de la Alhambra tenía esa tradición de exuberancia festiva desde el siglo XIX, en sus procesiones del mes de septiembre por el recinto nazarita.
A pasar de la hora tardía de la primera salida procesional, una muchedumbre inundaba las calles del itinerario, que fue muy extenso, ya que se dirigió la hermandad, desde el Campo del Príncipe a la calle de Molinos y Vistillas de los Ángeles, descendiendo por la Cuesta de Escoriaza a los Paseos de la Bomba y del Salón, para hacer parada o estación en la Basílica de la Patrona de Granada, la Virgen de las Angustias; de ahí, subió por la Carrera y Puerta Real a la Calle de Mesones, Plaza de la Trinidad, Capuchinas, Cárcel Baja, Gran Vía, Reyes Católicos y calle de la Colcha, por la que se entraba en su barrio, El Realejo. En esta época la Gran Vía se veía taponada por el antiguo edificio de Correos, que ocupaba el solar de lo que hoy es Plaza de Isabel la Católica. Allí, en su barrio, recorrió Pavaneras, Santa Escolástica, Placetas de Fortuny y Realejo, calle de Molinos al Campo del Príncipe y San Cecilio, donde llegó a mitad de la madrugada del Miércoles Santo.
El periódico, El Defensor de Granada, comentó al día siguiente que fue «Un severo desfile, muy ordenado y piadoso por lo que pueden estar muy satisfechos (…)». También, relataba que a la procesión acudieron los ediles García Batlle y Sánchez Molina, así como, el capitán del Regimiento «Córdoba 10», don Valeriano Carvajal, que presidió la procesión, cuyo paso lo dirigía el hermano mayor, como era costumbre en las cofradías de aquella época.
Todavía, quedaba a la hermandad participar en la Semana Santa en el acto de Adoración a las Cinco Llagas, de las tres de la tarde del Viernes Santo, ante el monumento del Cristo de los Favores del Campo del Príncipe, acto que ofició el párroco de San Cecilio, don Ulpiano Montoro, y la hermandad lo acompañó desde San Cecilio, llevando la cruz alzada y su estandarte, acompañados de la capilla de música sacra del Maestro Vidal. También, la hermandad asistió ese año a la procesión del Señor Resucitado, que salió de la iglesia de Santa Ana por la noche del Domingo de Resurrección (8).
En la Semana Santa de 1930 la hermandad volvió a salir el Martes Santo, día 16 de abril, a las 23:30 de la noche y se desarrolló esa segunda estación de penitencia en silencio y en forma semejante a la anterior. Parece que ese año se repartieron los hábitos en la casa del secretario, Eduardo Esteban, en la Carrera del Genil nº 46.
No sabemos con certeza si el hermano mayor, Pedro Rodríguez Quero, que la hermandad habría elegido una vez superados los inconvenientes para su nombramiento con el fallecimiento del Cardenal Casanova en 1930, seguía ostentado este cargo, parece que todavía lo desempeñaba en 1931, pues hay datos de su asistencia a las sesiones de la Federación de Cofradías en ese año, a las que solo podían asistir los hermanos mayores, aunque este precepto no siempre se cumplía.
Lo que parece más probable es que, ante la prohibición arzobispal, Rodríguez Quero desempañara el cargo de hecho, no oficialmente, y de forma esta última forma lo hicieran otros, como Narciso Jiménez o un cofrade llamado Villalobos, que asistían a las sesiones de la Federación, como representantes de la hermandad.
De manera parecida, también, transcurrió la estación de penitencia del Martes Santo de 1931, último año en que salieron las cofradías granadinas por los sucesos anticlericales, con atentados a algunas iglesias y conventos, que sobrevinieron a partir de ese año, tras la proclamación de la II República en abril de 1931. La Semana Santa se celebró a principios de dicho mes con normalidad y el Martes Santo salió la Hermandad del Cristo de los Favores, adelantando su salida a las diez de la noche, quizá para que la pudiera presenciar en su estación de penitencia el Infante don Jaime de Borbón en su visita a Granada, en representación de sus padre, el Rey Alfonso XIII, que era hermano mayor honorario de la Cofradía de la Santa Cena, y en la procesión de la Esperanza el Lunes Santo, quedándose en Granada hasta el Miércoles Santo.
Ese año (1931) no realizaría la hermandad el extenso itinerario de los años anteriores, antes descrito. Lo realizó, también, de forma inversa a los dichos años, es decir, fue directamente al centro de la ciudad por las calles de Santa Escolástica, Pavaneras y Colcha, llegando a Plaza Nueva y Elvira, y por la de Almireceros entró en la Gran Vía para encontrar de frente el edifico de Correos, donde en uno de sus balcones esperaba el Infante don Jaime y las autoridades granadinas (entonces no existía tribuna oficial). Se paró el paso del Cristo y dejaron la procesión dos mayordomos (seguramente el hermano mayor y el mayordomo mayor), acompañando al Administrador Apostólico de la diócesis, don Lino Rodrigo Ruesca, Obispo de Tabbora, para imponer al Infante la medalla de la hermandad, que agradeció la deferencia y dijo sentirse orgulloso de «pertenecer a tan piadosa Asociación» (9)
Después, la hermandad volvió a hacer estación ante la Patrona de Granada en su Basílica de la Carrera del Genil, consiguiendo que su Real Hermandad le abriera las puertas del templo para que el paso del Cristo de los Favores, llegara hasta el presbiterio, orando la hermandad ante la imagen de la Virgen de las Angustias. Desde allí, fue por el Salón y Paseo de la Bomba, para subir la Cuesta de Escoriaza y entrar en el Realejo por la Calle de los Molinos, desde la que accedió al Campo del Príncipe y a su templo de San Cecilio.
Ya en esos primeros años participaban en la procesión mujeres vestidas de mantilla con traje largo, como excepción y a pesar de no tener aún titular mariana, y que las mujeres no se admitían como participantes en las procesiones de penitencia. El periódico La Publicidad nos da el testimonio de que, al menos ese año, salieron detrás del paso del Cristo alumbrando con velas. También, desde el primer año iban tras él grupos de devotas de la imagen, haciendo estación de penitencia, costumbre que se ha preservado hasta nuestros días.
Después de 1931 no volvió a salir a la calle la hermandad, hasta finalizada la Guerra Civil. Como he relatado en mis publicaciones sobre la historia de nuestras hermandades de penitencia, solo se celebró por las cofradías granadinas un Vía Crucis en la tarde del Viernes Santo de los años 1932, 1933 y 1934, que se realizó por el interior de las naves de la Catedral. En dicho Vía Crucis se procesionó en 1932 al Crucificado de la Sacristía de la Catedral, que entonces se atribuía a Martínez Montañés, aunque hoy está desechada esa atribución para asignarse a los Hermanos García. El Viernes Santo siguiente, el de 1933, se procesionó en el Vía Crucis al Cristo de la Esperanza, imagen del escultor Pablo de Rojas, que se venera en la sala de beneficiados del Templo Metropolitano, y que fue en el paso de la Virgen de las Angustias de la Alhambra, y, en 1934, al Cristo de la Misericordia del Silencio, del insigne escultor José de Mora.
Las circunstancias políticas y sociales determinaron a decidir la celebración de estos actos internos ante el temor de algún tipo de atentado. Ya el día 19 de octubre de 1931 la iglesia de San Cecilio sufrió un atentado con un artefacto casero que explosionó en cabecera del templo y ocasionó desperfectos en el paso del Cristo, los enseres parece que se guardaban en el convento de las Comendadoras de Santiago. En los siguientes años, se incendiaron en Granada, especialmente en el Albaicín, varios templos. Asimismo, algunas cruces callejeras fueron derribadas (Cruz de la Rauda, Cristo de las Lañas, las del Vía Crucis del Sacromonte…etc.), aunque el monumento al Cristo de los Favores no sufrió ningún atentado, quizá tan señera devoción entre la clase popular lo libraría de ello.
El temor a la inseguridad, generalizado en las juntas de gobierno de las hermandades, hizo que en esos años se suspendieran los actos de culto, quedando aquellas un tanto paralizadas. No obstante, en 1932 y 1933, se celebra, aunque con algún incidente poco importante, el Ejercicio de las Cinco Llagas del Viernes Santo, ante el monumento del Cristo de los Favores, que siguió siendo multitudinario.
En 1935, sí hubo Semana Santa con procesiones. Al haber ganado las elecciones la coalición, llamada moderada, del Partido Republicano de centro derecha y la CEDA de Gil Robles (derecha Católica), se aplacó el temor a disturbios antirreligiosos y las hermandades salieron a realizar sus estaciones de penitencia, a excepción de la del Silencio y la de los Favores. Ésta se encontraba desorganizada y sin cultos, según el periódico El Noticiero Granadino, y en un barrio, como el Realejo, considerado de cierta conflictividad; lo mismo le ocurría a la del Cristo de la Misericordia del Silencio. El único Crucificado que procesionó fue el de la Cofradía de los Escolapios, que se fundó ese año, procesionando al Cristo de la Sangre de la iglesia de San Ildefonso.
En el verano de 1935, da señales de vida la hermandad, poniéndose en contacto con la Federación de Cofradías el secretario de la cofradía, Hipólito Llanes Mariscal, para comunicar la reorganización de la hermandad, que había estado en los últimos años desaparecida (10). Ese año había celebrado el Quinario al Cristo en el mes de enero, peros meses después estalla la Guerra Civil; la convivencia nacional se hizo imposible, para dar lugar a uno de los episodios más cruentos de la historia de España, que parece, no pudo ni supo resolver y evitar una clase política mediocre.
En aquella situación bélica y aunque en Granada mandaba el llamado bando nacional, las circunstancias aconsejaron a la autoridad militar suspender la procesiones de Semana Santa, a pesar de que la Federación trató de que se celebrara una única procesión de Santo Entierro o el Vía Crucis de la Catedral. La única manifestación pública religiosa fue el acto de las tres de la tarde del Viernes Santo ante el Cristo de los Favores, al que acudieron más de 15.000 personas. También, se celebró un Quinario y Función al Cristo y a Ntra. Sra. de la Salud, principal devoción mariana de la iglesia de San Cecilio, por el cese de la guerra el 9 de abril de 1937 y una Misión de rogativa por el mismo motivo en abril de 1938 (11).
En dicho año, el día 22 de mayo, se organiza la junta de gobierno de la hermandad, y en el libro de socios aparece como hermano mayor, don Ramón Saiz-Pardo Fernández, con domicilio en el Carmen de los Catalanes, cerca del Hotel Alhambra Palace, firmando dicho libro el secretario don Hipólito LLanes Mariscal. Por el mismo libro podemos conocer los que pudieron formar la junta de gobierno, como Agustín Pacetti Siles, Augusto José de Barros, José Sancho Urquijo, José Medina Rosales, José Ramos Ramírez, vicesecretario, tesorero, vicetesorero, albacea y vicealbacea, respectivamente, y los seis mayordomos: Manuel García Quemada, el escultor Eduardo Espinosa Cuadros, Luis Quero Ballesteros, Francisco Carrasco Jáimez, Emilio Quero Ballesteros y José María Nestares Cuéllar.
La Guerra Civil finalizó en abril de 1939, pero la Semana Santa no tuvo ese año más acto público y multitudinario que el de las tres de la tarde del Viernes Santo ante el Cristo de los Favores del Campo del Príncipe, al que asistió la Soledad de Nuestra Señora de la Hermandad de Jesús de la Humildad. No había dado tiempo a las cofradías, algunas sin organizarse, a preparar sus estaciones de penitencia. La de los Favores sí celebró su función principal el día 3 de mayo de 1939 y obsequió con un desayuno a los niños de las Escuelas del Ave María de las Vistillas y de la Quinta.
A partir del otoño de ese año las cofradías se aprestan a preparar las procesiones de la Semana Santa de 1940 y la Federación solicitó, por primera vez, licencia para hacer estación en la Catedral, cosa que le fue denegada (12). Ese año el Cardenal Parrado mandó adelantar los horarios, fijándose para la Hermandad de los Favores las 22:00 horas, para iniciar su procesión. Poco a poco, se veían frustrados los iniciales deseos de la cofradía de procesionar en la madrugada.
El Cristo salió sobre las primitivas andas que tuvieron que ser reformadas y reparadas de los destrozos padecidos en esos años de parálisis de la hermandad. El realizador de la reforma fue el ebanista Juan Navarro Jovelley, con taller en la calle del Duende, firmándose el encargo el 28 de enero de 1939. Para este trabajo, también presentó presupuesto el escultor Navas Parejo para enchapar en plata las andas, cosa que, evidentemente, no se realizó (13). Dichas andas, que seguían representando el monumento al Cristo, parece que se habían reducido de tamaño, quizá para poder salir de la iglesia de San Cecilio, y en las que se pusieron sobre la concha del basamento de la cruz dos ángeles portando candelabros.
El Cristo fue escoltado por la Guardia Civil con uniforme de gala, pues en esa primavera había sido nombrado hermano mayor honorario el general Bautista Sánchez. Era una manifestación de acercamiento a los cuerpos y autoridades militares que van realizando las cofradías por esos años.
En ese tiempo, accedió al cargo de hermano mayor, José Medina Rosales, hasta entonces albacea de la cofradía. Los inmediatos y anteriores hermanos mayores poco tiempo habían estado en el cargo. El Sr. Medina Rosales conseguirá en 1941 que la hermandad realizara la estación de penitencia el Jueves Santo, aunque no en la madrugada del Viernes, como era la aspiración primitiva de la cofradía. El Cardenal Parrado, uno de los prelados más intervencionistas en lo relativo a las cofradías, manifestó su deseo de que éstas realizaran sus estaciones siguiendo un orden cronológico de la Pasión de Cristo, quizá el cambio de día pudo deberse a este deseo del Prelado. De ese modo, la hermandad procesionó por primera vez el Jueves Santo, haciéndolo antes de la Cofradía del Silencio, ambas de cuyas imágenes eran Crucificados. Sin embargo, al año siguiente volvió a procesionar el Martes Santo.
El Viernes Santo de 1941, en el acto de las tres de la tarde ante el Cristo de los Favores del Campo del Príncipe, la hermandad organizó un besapies a la imagen del monumento, para el que montó una plataforma con escalinatas de acceso y descenso a los lados para que los fieles pudieran acceder a la imagen. Fue este besapies tan participativo que duró hasta las once de la noche.
A pesar de no contar con imagen de la Virgen el número de señoras, que participaban en la procesión vestidas con la mantilla, era bastante considerable, siendo la que las organizaba la vice-camarera mayor, doña Trinidad Morcillo Raya, reconocida diseñadora, bordadora y profesora de la Escuela de Artes y Oficios, así como hermana de famoso pintor Gabriel Morcillo.
Tampoco, estuvo mucho tiempo de hermano mayor José Medina Rosales, que también lo era de la antigua hermandad de la Purísima Concepción de la iglesia de Santa Ana. Puede que ambos cargos le fueran incompatibles, pues en 1942 deja el cargo que desempeñaba en la Hermandad de los Favores y lo sucede Antonio Arcas Carmona con el Coronel Nestares, como mayordomo mayor, tomando posesión de los cargos el día 6 de enero de 1943. En apenas quince años de vida de la hermandad había tenido nueve hermanos mayores, algunos de ellos habían ejercido el cargo solo nominalmente.
En esa nueva junta se encarga la realización de un nuevo paso para el Cristo al escultor granadino Nicolás Prados López, que había sido discípulo del también granadino, Luis de Vicente, el gran creador de los primeros grandes pasos de Málaga de destacada riqueza ornamental (1922 Esperanza y Nazareno del Paso, 1924) y algunos más. También realizó pasos para la Semana Santa de Cartagena. A Luis de Vicente, que como se ha dicho, diseñó la estética de la Hermandad de la Alhambra, le siguieron otros artistas, entre ellos, aunque más modestamente, Prados López, quizá por el menor potencial económico de nuestras cofradías o por no permitir las puertas de las iglesias granadinas la salida de esos grandes pasos, que en Málaga se montaban en tinglados en calles y plazas y no salían de las iglesias por sus grandes dimensiones.
El paso encargado a Nicolás Prados López no estaría finalizado hasta 1944, y antes, como era costumbre, se dio a conocer al público, exponiéndolo en los salones del Centro Artístico.
Pero para la Semana Santa de 1943 se modifica el hábito de la cofradía, al que se le añade un escapulario color negro, que unos años después se le suprimirá para añadirle una cruz en la parte delantera del capillo. Ese año fue el último que la hermandad procesionó la imagen del Cristo, que había venerado la antigua hermandad en pasados siglos, así como sus antiguas andas; la cofradía, también, había encargado una nueva imagen de Cristo al citado escultor, que salió en el nuevo paso en la Semana Santa de 1944. Prados López va a realizar la nueva imagen del Cristo inspirándose en la del monumento del Campo del Príncipe, imitando su cruz e imagen de tan tradicional devoción. No pereció bien este cambio de imagen a algunos entendidos, como al erudito y crítico de arte, Marino Antequera, que afirmó que el escultor la había realizado «con pie forzado», es decir, que había seguido instrucciones en ese sentido. Cumplido el encargo del paso, Prados López lo entrega unos días ante de la Semana Santa, el 28 de marzo de aquel año.
La Titular Mariana María Stma. de la Misericordia. Dos imágenes en un mismo año
Antes de aquella Semana Santa, el 16 de febrero de 1944, la hermandad reforma sus reglas o estatutos, que aprobó el Cardenal Parrado, seguramente para incluir en ellos a la imagen mariana, que, desde entonces, será cotitular de la cofradía: María Santísima de la Misericordia, decisión que, al parecer, ya había sido tomada en el otoño de 1943.
La hechura de la imagen mariana fue encargada al escultor granadino Antonio Martínez Olalla. Éste realizó una Dolorosa de vestir con las manos abiertas en actitud oferente y el rostro elevado hacia la imagen del Cristo, quizá propia para ser procesionada al pie de la Cruz del Señor de los Favores. No obstante, parece que existe un documento fotográfico de que aquella Semana Santa de 1944 la imagen de la Virgen de Martínez de Olalla no procesionó en el paso del Cristo, sino en otro con un palio realizado en terciopelo azul, cuyos varales fueron ejecutados por la Fundición Hermanos Carrasco, con taller en la calle realejeña de Santiago (15).
Ambas imágenes se bendijeron el día 23 de febrero de 1944 y presidieron los cultos del Quinario de ese año. La imagen de la Virgen de Martínez Olalla, parece que, tampoco, fue del agrado de Marino Antequera, pues alegaba que la imagen «repetía las actitudes y características de las vírgenes sevillanas», quizá aludiendo a algunas de éstas, como la Virgen de los Dolores de la Cofradía de las Penas de la iglesia de San Vicente o a Ntra. Sra. de las Aguas, de la Hermandad del Museo, o a alguna otra más.
Ese año, la hermandad hizo su estación de penitencia el Miércoles Santo, día 4 de abril, como cuarta hermandad de ese día, en el que salieron la del Rosario, Cristo del Consuelo «Gitanos» y Cristo de la Expiración «Escolapios». Probablemente, la aparición de dos nuevas hermandades, la de la Oración en el Huerto de los Olivos y la de la Sentencia, determinó que se reorganizaran en 1944 días y horarios.
La Hermandad del Cristo de los Favores salió a las 9 de la noche, más temprano que en años anteriores, y ,como era usual en aquella época, una banda de cornetas y tambores abría la procesión, que ese año fue la de Artillería. Detrás del paso del Crucificado, que iba iluminado con luz eléctrica (un foco resaltaba la nívea policromía del Cristo), marchaba la Banda del Regimiento de Infantería. Finalmente, el paso de palio de la Dolorosa de Martínez Olalla, a la que acompañaría un nutrido grupo de señoras ataviadas con bordadas mantillas.
Como el año anterior la comitiva procesional bajó por la Cuesta del Progreso a la calle de Ángel Ganivet y Puerta Real, para subir por Reyes Católicos, donde estaba la tribuna, y seguir por la Gran Vía, Cárcel Baja, hacia calle de Elvira, y desde aquí a la calle de la Colcha, entrando en su barrio, El Realejo. A la salida de la hermandad, ésta se dirigió ese año a la calle de Santiago, donde se halla el convento de las Comendadoras de su nombre.
No solo imágenes y pasos estrenó la cofradía ese año de 1944, también la corona de la Virgen, realizada en Sevilla, y que aún se conserva (15), y enseres, como la cruz de guía, labrada en talla calada de madera y sobreplateada, seguramente realizada en el taller de los Hermanos Romero Gamero, profesores de ebanistería de la Escuela de Artes y Oficios de Granada, muy ligados a la cofradía, y cuyo progenitor se había encargado de montar el paso desde los inicios de la hermandad. Asimismo, se estrenó el estandarte y el Senatus, que se bordaron en hilo de plata por las dominicas, y el libro de reglas con pastas en terciopelo y orfebrería -era la primera vez que se procesionaba en una hermandad de Granada-. También, era una de las primeras (tal vez la primera) en seguir patrones sevillanos en su presentación procesional.
La Capilla de Salida
Con el paso de palio y el de considerables dimensiones del Cristo, era imposible salir por la puerta de la iglesia de San Cecilio. Junto al templo, en la parte trasera, existían unos corrales y unas dependencias arruinadas desde la Guerra Civil, que en la antigüedad parece que fue el cementerio de la parroquia. Ese espacio lo percibió la cofradía como idóneo para poder construir una capilla, que les sirviera para poder montar los pasos y salir para su estación de penitencia. Parece que la idea era poderle hacer, también, un acceso desde la iglesia, para que allí las imágenes recibieran culto todo el año, cosa que no fue posible.
En marzo de 1945 ya estaba construyéndose la capilla -un artículo de la prensa así lo afirmaba-, por lo que es muy posible que en la Semana Santa de ese año aún no pudieran salir de ella los pasos, pero, tal vez, se hiciera en la siguiente de 1946. Seguramente, y, entre tanto, los pasos se pudieron montar en un tinglado en la placeta que hay junto a dicha capilla adosada a la iglesia.
Se adquiere la Virgen de la Misericordia actual
Poco duraría en la hermandad la Dolorosa de Martínez Olalla; tal vez, no fue del agrado de los cofrades, y el propio Marino Antequera, refiriéndose al escultor decía, que «no ha sido esta una ocasión propicia para lucir sus cualidades». No obstante, pienso, que con la limitación que imponen las dos fotografías que se conocen del altar de cultos en el que aparece la imagen, por no ser de primer plano, ésta parece que no presenta tan escasa calidad (después se han realizado para algunas de nuestras cofradías imágenes de menor calidad artística).
Sea el motivo que fuere, pocos meses después de la Semana Santa de 1944, en agosto de ese año, la hermandad ya contaba con la Dolorosa actual. Se adquirió a las monjas clarisas del convento de Nuestra Señora de los Ángeles, sito en la vecina calle de Molinos, imagen que la crítica artística atribuía a la Escuela Granadina y, concretamente, al taller de los Moras. Muchos años después se ha descubierto como su autor a Francisco Morales González (1845-1908), que, efectivamente, siguió los patrones de dicha escuela, como los han seguido otros escultores granadinos del siglo XX. Este descubrimiento se realizó en 1992, al restaurarse la imagen por el sevillano, Manuel Bonilla Cornejo, que apreció en uno de los hombros de la imagen el nombre del escultor y la fecha de su hechura, 1896. Parece que en dicha restauración retiró la firma del hombro y lo repolicromó, pero trasladó la nota al candelero para conservarla.
Convento de los Ángeles
Sobre su origen se ha difundido una historia casi legendaria y que ahora se ha aclarado. Se trata de la adquisición de la Virgen al Convento de los Ángeles, a cambio 19 sacos de trigo durante 1945. La tradición oral, transmitida por algunos directivos de la época, decía que la imagen había sido donada a las monjas por una familia de un militar de apellido Alonso. Conociendo la existencia de esta imagen y la posibilidad de que las monjas la vendieran Ramón Martínez Rioboo, directivo de la hermandad, y antes hermano mayor de la Esperanza, se lo comunicó a los señores Arcas Carmona y Carrasco Jáimez, hermano mayor y secretario, respectivamente, de la Cofradía de los Favores. Éstos acudieron a tratar el asunto con las religiosas de los Ángeles, llegando al acuerdo de adquirirla por precio en especie. La transacción se cerró con la obligación de entregar a las monjas trigo -muy importante en aquella época posbélica de escases-; otra versión expresa que fueron 19 sacos de harina. Fuera de una cosa u otra el pago de la imagen se realizó con dicho cereal, que por lo visto era fácil de obtener al ser algunos directivos de la hermandad, a su vez, del Servicio Nacional del Trigo. Junto a la imagen se adquirió una diadema en plata de ley de 916 mm, realizada a finales del XIX por el taller de los Secano, y una media luna de plata, piezas que la Virgen llevaba y un cajita de alhajas, también perteneciente a la imagen (16).
El laborioso trabajo de los investigadores ha localizado los documentos parecen descartar esta versión y arrojan luz sobre la adquisición. Estos documentos, se conservan actualmente en el Archivo del Monasterio de Santa Isabel la Real, y copia en el archivo de la Hermandad, al haberse cerrado el mencionado Convento de los Ángeles, popularmente conocido como el de las Vistillas. Se trata del Libro de actas de la Comunidad de Religiosas.
Estación de penitencia
Estación de penitencia: Favores y Misericordia
Favores y Misericordia · Parroquial de San Cecilio. (Dos pasos.)
Horarios Salida, 18.45 horas; Cruz en Carrera de la Virgen (palquillo de horas, inicio Carrera Oficial), 20.25 horas; Cruz en plaza de las Pasiegas (Puerta Catedral), 21.55 horas; salida de la S.I. Catedral (fin Carrera Oficial), 22.45 horas; regreso a su Templo (Cruz de Guía, 00.20 horas; Paso de Cristo, 00.35 horas; Paso de Virgen, 01.10 horas de la madrugada).
Recorrido Placeta Santísimo Cristo de los Favores, Cuesta de San Cecilio, Campo del Príncipe, Misericordia Coronada, Molinos, plaza del Realejo, plaza Fortuny, Portería de Santo Domingo, plaza Santo Domingo, Padre Maestro Luis de Granada, callejón de Santo Domingo, plaza de los Campos, Cuesta de Aixa, Cuarto Real de Santo Domingo, Ancha de la Virgen, Carrera de la Virgen (lateral), Carrera de la Virgen (paseo central), plaza Bibataubín, plaza de los Campos, plaza Mariana Pineda, Ángel Ganivet, Puerta Real de España, Mesones, Marqués de Gerona, plaza de las Pasiegas, S.I. Catedral, Puerta del Perdón, Cárcel Baja, Gran Vía, plaza Isabel la Católica, Padre Suárez, Pavaneras, Santa Escolástica, plaza Fortuny, plaza del Realejo, Santiago, Jarrería, Molinos, Huete, Campo del Príncipe, Cuesta de San Cecilio, placeta Santísimo Cristo de los Favores, a su Templo.
Venerable, Muy Antigua e Ilustre Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de la Paz y Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo de los Favores y María Santísima de la Misericordia